Connect with us

Comics

Entre el Cómic ecuatoriano independiente y los “Con”

Publicado

en

Ray Cruz, un ilustrador profesional de Guayaquil habló recientemente sobre sus experiencias en eventos como Comic Con que se han realizado en la ciudad por algunos años. Para Ray los guayaquileños cada vez más tienen un fuerte interés en estas actividades. El ilustrador nos recordó que años atrás, antes del primer Comic Con, se realizaban eventos en Plaza Colón, pero la infraestructura no favorecía a los Cosplayers, ilustradores y las tiendas.

Guayaquil ha dado grandes pasos en los últimos años, pues hay una gran acogida, más importante aún para Ray es que la ciudadanía ha tenido mucha aceptación y eso es algo positivo.

Ray Cruz en Budokan 2017

Ilustradores locales se han dado a conocer gracias a estos eventos. “Yo como ilustrador puedo decir que si abre muchas puertas para que la gente te conozca”, indicó Ray, recalcando que no todos manejan redes sociales, pues reconoce que interactuar en persona es más enriquecedor que hacerlo detrás de la pantalla del móvil.

Eventos como estos han empoderado a la comunidad de ilustradores locales para darse a conocer. Para Ray estas actividades ayudan a los artistas a posicionarse como ilustradores profesionales, ya que cuando participas en uno te consideran para otros, inclusive para diferentes eventos que involucren arte.  

El 2017 fue un año de eventos para Ray Cruz, empezando por el Comic Con, seguido por el Budokan y Mega Con en diciembre. Experiencias como estas le han dado más exposición como artista e ilustrador. Ray realizó una exposición de arte y un taller de ilustración en Expo Mix de Ilustradores en Plaza Lagos, fue jurado en un evento artístico realizado por Juan Marcet, también hizo una presentación en vivo durante la Feria del Libro.

Recuerdo que una vez una niña me pidió un arte, era de un personaje de ella, pero cuando se lo entregué, la emoción de la niña fue tal que me abrazó incluso lloró un poco de felicidad”, recordó Ray sobre uno de los mejores momentos que ha tenido como ilustrador profesional.

Para Ray algo muy importante es la interacción con las personas en los eventos, pero más que eso es relacionarse con otros ilustradores pues hay un poderoso intercambio de información que es muy útil para crecer y mejorar como ilustrador.  

Actualmente Ray se encuentra desarrollando su propia novela gráfica junto con su hermano Pedro Cruz

Facebook Comments Box

Comics

La tarde en que volví a ser adolescente: Crónica de una geek y nerd

Publicado

en

Por

Regresar al Centro de Convenciones de Guayaquil para un Comic Con Ecuador tiene algo de ritual. Hay lugares a los que uno vuelve no solamente para ver qué ha cambiado, sino para comprobar qué cosas siguen intactas. Este año había una razón especial para regresar: diez años.

Diez años desde que el Comic Con Ecuador comenzó a convertirse en ese espacio donde los geeks, otakus, coleccionistas, cosplayers y, en general, todos quienes alguna vez fuimos “los raros” del colegio podemos tener nuestro momento. Dos días, 29 y 30 de agosto, para sacar del clóset hobbies, obsesiones, personajes favoritos y todas esas horas dedicadas a cómics, videojuegos, anime, series y mundos fantásticos.

Llegué el sábado cerca de las 3PM. Entré por el área gamer y lo primero que encontré fue oscuridad, luces de neón y pantallas iluminándolo todo. Por unos segundos no sabía hacia dónde caminar. Había demasiadas luces, sonidos, gente y estímulos al mismo tiempo. Pero entonces apareció una luz que conducía hacia el resto del recinto. Y seguí esa luz.

Sin saber todavía que, varias horas después, estaría sentada, cansada y con el estómago reclamando comida, pensando una sola cosa: We made it. Pero para llegar hasta ahí todavía faltaba recorrer un universo entero.

Subí al segundo piso y llegué al Callejón de los Artistas. Mi plan era sencillo: recorrerlo, hacer fila para ver a mis artistas dentro del tiempo estipulado y después bajar a conocer el resto del evento. “Después habrá tiempo”. No lo había.

Estaba lleno. Entre ilustradores, coleccionistas y personas buscando stickers, cómics y productos independientes, también se mezclaban las filas de quienes esperaban un autógrafo, una fotografía profesional o, con suerte, un selfie con alguno de los invitados internacionales. Por unas horas, quienes normalmente vemos en una pantalla estaban ahí, a pocos metros de nosotros. Y entre tanta gente comenzaron a aparecer pequeñas historias.

La pareja quiteña formada por Abi y Richard Arthur llamó mi atención con su cosplay de Perséfone y Hades de Lore Olympus. Más adelante me encontraría con Armored Spartan, caracterizando a uno de los Cleanrot Knights de Elden Ring. Ahí recordé algo que me gusta del cosplay: no se trata solamente de ponerse un disfraz. Hay quienes estudian un personaje, construyen una estética, interpretan una personalidad y convierten su admiración en expresión artística. Y entonces pasó la magia.

Conocí a Scott Hampton, ilustrador estadounidense cuyo trabajo ha pasado por universos como Star Trek: The Next Generation, Hellboy, Batman y Sandman. Frente a mí estaba alguien cuyo arte forma parte de historias que he consumido durante años. Me llevé, además, una ilustración 7/25 de Death y Delirium de Sandman. La de Star Trek tendrá que esperar.

Hasta conocer a otros invitados, seguí recorriendo el Callejón de los Artistas. Encontré a Wyll Vistin, de Ibarra, con sus trazos delicados y contrastes potentes; a Jairo Guerrero y Monstruos a Medianoche, con sus homenajes al horror de nuestras infancias; a Xavier Palau, conocido por sus dioramas personalizados para figuras de acción; y a Ray Cruz, presentando su cómic Yawar.

También estaban William Bajaña, artista de Pedro Carbo y creador de Primali; Pedro Benalcázar, con sus cómics sobre personajes históricos y tradiciones ecuatorianas; y Andrea Vilches, creadora del webtoon Carol & Henry.

De Andrea terminé llevándome un señalador de Laios, de Tragones y Mazmorras, y un sticker que decía “Exclamó la dulce princesa”. No podía dejarlo ahí: mi novio utiliza precisamente esa frase cada vez que, después de tomar demasiada gaseosa, se me escapa un eructo. Algunas compras parecen estar destinadas a uno.

Muy cerca estaba Viviss Qnk, cuyo estilo kawaii reinterpreta elementos nacionales como el cuy y el camarón. De ella obtuve un sobre sorpresa lleno de stickers, postales y llaveritos. Cinco estrellas el servicio. Luego, en el espacio de Eeevil Lucy y Paco Pincay, aparecieron un Hellboy Kitty y un Kirby con una frase tan peculiar que todavía me hace reír.

Y llegó mi turno de ver a uno de los actores internacionales más esperados: Ron Perlman. Aquí debo detenerme porque no existe una manera elegante de decirlo: lloré full. La emoción de conocerlo me sobrepasó. Para muchos será Hellboy, pero para mí también es Salvatore de El nombre de la rosa y Vincent de La Bella y la Bestia. Hay actores que terminan formando parte de nuestro imaginario de una manera que trasciende una película o un personaje.

Y después estaba Jamie Campbell Bower, a quien admiro desde Shadowhunters: The Mortal Instruments. Para muchos es Vecna; también fue Grindelwald y Caius Volturi. Para mí, aquella tarde era además la persona a quien debía entregarle un mensaje de una amiga de Nueva York relacionado con su canción Paralysed y con lo que significó para ella.

De pronto, la convención dejó de ser solo un lugar para mirar cosas que me gustan. Se convirtió en un lugar para decirles a las personas cuyo trabajo admiro: gracias por formar parte de las historias que nos han acompañado.

Después de sobrevivir al área de invitados internacionales, retomé el recorrido. Encontré a Emmanuel Gervasoni, de Córdoba, mientras realizaba una comisión. Intercambiamos unas palabras y me regaló un separador que también funcionaba como tarjeta de presentación, con trabajos de Hellboy, Superman y Spider-Man. También estaba su compatriota Federico Antenore, Crido, de Buenos Aires, con un mundo mágico poblado de dragones y criaturas que parecían salidas de un bosque de El Señor de los Anillos.

Y entonces apareció el trabajo de Taun. Me detuve por una razón concreta: la luz. Hay algo teatral en su manejo del claroscuro. Las zonas iluminadas y las sombras parecen construidas para dirigir la mirada y generar dramatismo. Me recordó a Caravaggio por esa capacidad de convertir la luz en parte de la narración. Sus ilustraciones en blanco y negro tenían además una fuerza particular: el fondo blanco, los trazos negros y ese contraste que hacía que cada línea tuviera protagonismo. Pensé que era un artista cuyo trabajo vale la pena seguir. Su estilo todavía parece estar encontrando su camino y justamente por eso resulta interesante imaginar hacia dónde puede evolucionar.

Y entonces apareció una tómbola. Un dólar. ¿Qué podía salir mal? Bueno… aparentemente, mi dignidad y uno de mis dedos. La tómbola era de Ilwoo. Me explicaron que si salía “Tu nombre en japonés” debía descartarlo porque ese premio ya se había agotado. Remuevo los papelitos. “Tu nombre en japonés”. Otra vez. “Tu nombre en japonés”. Y a la tercera salió el premio: una libreta con un Mega Victreebel en la portada, ilustrado por el propio artista. Para conseguirla, además, casi terminé raspándome la base de la uña y me salió sangre. Pero pensaba que, por un dólar, había que apoyar el emprendimiento local.

Luego bajé al piso inferior cuando el hambre ya empezaba a convertirse en protagonista. Ahí encontré a Cóndor Geek, negocio quiteño, con camisetas geek y otaku que destacan por sus diseños y la calidad de sus estampados. También apareció la cosplayer Aleya como Lady Dimitrescu. La foto era obligatoria, especialmente porque mi novio y sus amigos tienen una fascinación particular por este personaje.

En La Stickercisa descubrí otro peligro: un stand lleno de stickers. Si demostrabas que seguías la cuenta, te regalaban uno, así que reclamé el mío de Vegeta. También compré diseños de Sin Rostro, de El viaje de Chihiro, Dr. Stone y Sakamoto. En Larga Vida al Vinilo encontré pequeños imanes con forma de discos y portadas de álbumes. Cada uno tenía un código para escanear y escuchar el disco. Terminé comprando uno de Linkin Park.

Y en Pixel Gab (@pixel.gab.56) volví a caer en una tómbola. Ya debería haber aprendido, pero no. Me gané un Tien Shinhan, de Dragon Ball.

El recinto todavía tenía más cosas por mostrar: escenarios preparados para fotografías, desde Harry Potter, Star Wars y el Castillo de Grayskull de He-Man hasta Five Nights at Freddy’s y un Demogorgon de Stranger Things. El Comic Con no solamente te dejaba mirar. Te invitaba a entrar en la fotografía, a convertirte durante unos minutos en parte del universo que habías ido a visitar.

Quizás por eso el Comic Con Ecuador se siente tan propio: porque es un lugar donde quienes alguna vez sentimos que no encajábamos podemos mostrar precisamente aquello que nos hacía diferentes.

Cuando finalmente terminé de recorrer el recinto, eran cerca de las 8PM. Había entrado alrededor de las 3. Cinco horas caminando, mirando, conversando, haciendo filas, comprando, tomando fotografías y tratando de no perderme nada. Y entonces llegó el momento más importante de la noche: comer. Compré una pizza personal, unos gimbap y una gaseosa. Me senté, y ese simple acto se sintió como una hazaña. Comí un poco, me hidraté y respiré. Había valido la pena.

Claro que el Comic Con Ecuador todavía puede ser mejor. La organización tiene aspectos que necesitan pulirse y en algunos sectores sentí demasiados negocios ofreciendo productos similares. Entiendo que también se trata de abrir espacio a emprendimientos locales, pero todavía hace falta ese factor sorpresa que te haga descubrir algo inesperado. Sin embargo, también sentí que el evento estaba encontrando su camino.

Y mientras estaba sentada, cansada y con hambre, no estaba pensando en lo que había salido mal. Pensaba en Scott Hampton. En Ron Perlman y las lágrimas que no pude contener. En Jamie Campbell Bower y el mensaje que llevé desde Nueva York. En los artistas, los stickers, las ilustraciones, los cosplayers, las tómbolas y todos esos pequeños recuerdos que ahora cabían dentro de una bolsa. Y pensé en una versión mucho más joven de mí.

La chica que iba a los primeros eventos de cómics en Plaza Colón, en la Espol de Las Peñas y en la Galería El Mirador de la Universidad Católica. La que alguna vez estuvo detrás de un stand vendiendo cómics. La que iba con orejitas de gato.

Han pasado más de 20 años. Y, aparentemente, ella sigue ahí. Quizás eso sea lo más bonito de regresar. Uno crece, cambia, trabaja, tiene responsabilidades; llegué a pensar que quizá este año no podría ir. Y de repente las cosas se acomodan, cruzas nuevamente esas puertas y recuerdas que existe una parte de ti que nunca necesitó crecer. Aquella que todavía quiere caminar entre ilustraciones, emocionarse con un personaje, comprar un sticker, hacerse una foto con un cosplayer y llorar al conocer a alguien cuyo trabajo admira. Una parte que todavía mira todo aquello y piensa: Esta soy yo.

Así que sí: estaba cansada, tenía hambre y me quejé de la organización. Caminé durante cinco horas. Y, aun así, mientras terminaba aquellos tres pedacitos de pizza, solo podía pensar en una cosa: Valió la pena. Después de veinte años, algunas cosas simplemente no se pierden.

We made it! Mission accomplished.

 

Escrito por Mishelle Macías

Facebook Comments Box
Continúa Leyendo

Comics

Los Cosplayers no son objetos

Publicado

en

Por

El movimiento Cosplay en Ecuador sigue tomando fuerza y cada vez son más los aficionados que se unen a esta tendencia de la cultura pop. Sin embargo, a pesar de existir una gran comunidad satisfecha por esta creciente acogida, continúa existiendo una evidente incomodidad, principalmente en la rama femenina cosplay… y aquí te explicamos porqué.

En muchas ocasiones los cosplayers son vistos o tratados como simples “objetos” animados, y es probable que esto ocurra porque constantemente están caracterizando algún personaje, obligándolos a utilizar extravagantes vestimentas. En este contexto, la mayoría de afectados tienden a ser las mujeres.

Hasta en concursos de Cosplay ha sucedido que si una concursante lleva un traje que cubre su cuerpo, la voz del público grita “mucha ropa”, incomodando la y en ocasiones obligándola a quitarse ciertas prendas para así “satisfacer” al público.

Este comportamiento se logra ver cuando al cosplay se lo cosifica, más allá de verlo como un artista. Es común notarlo cuando ciertos fans (y no tan fans) invaden su espacio personal, llegando en muchas ocasiones a estropear sus trajes y peinados, provocando que el actor o actriz se sienta asediado, acosado y maltratado.

Tanto en los escenarios cosplay, cómo en otros muchas manifestaciones artísticas, el público superpone sus deseos olvidándose que detrás de ese personaje hay una persona que se esforzó por crear un Cosplay sorprendente, y que, aunque lo presentan de manera pública, realmente el artista Cosplay suele personificarse para ellos mismos.

Por más de 10 años, la temática internacional, “Cosplay no es consentimiento“, esto hace referencia a aquellos trajes que por su naturaleza tienden a mostrar un poco más de la persona, pero esto no significa que otras personas puedan aprovecharse, aunque sí se han suscitado casos de acoso, que para evitar escándalos no se hacían públicos, pero todo eso cambió y ahora los Cosplayers defienden sus personas. 

Habiendo dicho esto queremos que este artículo sea uno que llame a la acción de respetar a los Cosplayers, ellos hacen un gran esfuerzo para alcanzar ese climax personal con sus trajes e interpretaciones. 

La confección, el diseño y hasta el último detalle siempre dependerá de ellos, por esta razón hay que respetar no solo su trabajo sino a la persona también.

Facebook Comments Box
Continúa Leyendo

Comics

El Cosplay en Guayaquil toma más fuerza

Publicado

en

Por

Nuestra cultura pop está evolucionando y adaptándose a las nuevas tendencias, ahora hay mas apertura para un sin número de grupos y pasatiempos, algunos más apasionados que otros, como lo es el arte del Cosplay.

Recordemos que el término Cosplay viene del inglés, Costume Play, que se refiere a la interpretación de un personaje determinado.

El Cosplay es mucho más que un pasatiempo, para los miembros de esta cultura es un estilo de vida apasionado, su perspectiva es diferente. Ellos consumen la mayor cantidad de elementos populares posibles y cuando sienten una resonancia con un determinado personaje nace el deseo de interpretarlo.

Ser un Cosplayer es meterse en la piel de un personaje, sea de un filme, novela gráfica, manga, videojuegos, etc., un cosplayer estudia al personaje y aprende a interpretarlo, a actuar como él lo haría si estuviera en el mundo real.

Artequill habló con varios cosplayers locales que son reconocidos, algunos a nivel nacional e internacional. A ellos les preguntamos, ¿qué es ser un cosplayer?

“No se trata de verse como el personaje, se trata de convertirse en él”. – Angel Kaoru cosplayer

“Para mi un cosplayer es, que al momento de usar un traje ‘cosplay’, te olvidas totalmente de quien eres porque te conviertes en el personaje, debes actuar y adentrarte en el.  Ser un cosplayer no es simplemente disfrazarse, es ser el personaje que interpretas en ese momento y lo más importante disfrutarlo con tus amigos”. – Nicole Rendón

“Cosplayer es divertirse, es poder interpretar personajes fantásticos y lograr crear sonrisas en las personas. Ser cosplayer es llevar lo irreal a lo normal! Llevar sonrisas y fantasía a las personas para que nunca pierdan la magia”. – Julio Minchala cosplayer

“Un cosplayer es la oportunidad que tiene un fan de cualquier género o personaje para ponerse en la piel de su personaje favorito y poder representarlo en la vida real. Siempre me gustó la idea de poder compartir con personas que tienen los mismos gustos por estas actividades y que no sienten miedo de hacer lo que les gusta”. – Roy Arriaga cosplayer

“Ser cosplay es vivir una aventura fantástica en la que mediante el uso de accesorios y trajes representas y te conviertes, por un instante, en tu personaje favorito”. – Sheyla Fuentes cosplayer

 

Facebook Comments Box
Continúa Leyendo

POPULAR

Copyright © ArteQuilGye